Autonomía infantil
No hay más que ver a niños de 2, 3, 4 años queriendo ser independientes, autónomos,
persistiendo en la tarea una y otra vez… Queriéndose poner un abrigo,
abrir un pestillo, coger una hormiga… Lo intentan, lo intentan… Los
niños disfrutan haciendo las cosas por sí mismos, se concentran… y ¿Qué
pasa cuando no les dejamos, cuando hacemos las cosas por ellos? Pues
muchas veces estallan en una rabieta, se enfadan, gritan ¡yo solo!…
“A menudo, el adulto es un obstáculo más que una ayuda para el desarrollo del niño”. María Montessori, Manual práctico del método Montessori.
Hay que tener en cuenta que nuestro día a
día nos hace ir con prisas, que estamos estresados, que tenemos muchas
cosas por hacer… Y es más sencillo y rápido para nosotros hacerles las
cosas que esperar a que ellos las hagan.
Cuando hacen las cosas los niños, les cuesta más, van más lentos, manchan, se equivocan… Pero les permite aprender y disfrutar, cosa que no conseguiremos si lo hacemos nosotros.
El error es una fantástica herramienta de aprendizaje,
pero parece que a los adultos nos encanta corregir, en vez de dejar que
sean ellos los que descubran el error (excepto cuando hay peligro,
claro. No dejaremos que prueben las consecuencias de beber lejía, ni de
cruzar una calle sin mirar, pero sí de meter la pieza de un encajable
por el agujero equivocado, de intentar cerrar el tapón de una botella,
de quitarse una chaqueta, de bajar un bordillo…). Si os fijáis, los
adultos llegamos a corregir incluso antes de que se dé el error (“Te vas
a caer”, “Lo vas a tirar todo”, “Así no”) olvidándonos de lo educativo
que puede llegar a ser equivocarse. Deberíamos recordar más a menudo que
para poder crecer en todos los niveles, debemos de estar expuestos al fracaso.
También hay que tener en cuenta que los niños no son adivinos, muchas cosas las aprenden por imitación, pero hay otras que deberemos enseñarle cómo hacerlas.
Por ejemplo, un niño de 2 años aunque esté muy interesado en ponerse un
abrigo solo, seguramente no podrá hacerlo de la misma manera que lo
hacemos los adultos, ya que sus brazos son más cortos y es muy
complicado. Deberemos enseñarle otra manera de hacerlo, como tirar el
abrigo al suelo, colocarte en la parte de la capucha, meter las manos
por ambas mangas y levantar para arriba. Otras, deberán desglosarse en
pasos más sencillos, por ejemplo, si quiere abrir una puerta, primero
debe estirar de la maneta para abajo y después empujar, si hacemos todo a
la vez, no se abre.
Eso sí, como adultos necesitaremos grandes dosis de paciencia, de empatía
y (seguramente) ganas de limpiar (aunque algunos niños disfrutan mucho
limpiando). Es cierto que es más sencillo para nosotros dar un yogur que
dejarle a un niño de un año una cuchara (le costará más tiempo, comerá
menos cantidad y manchará más) pero será más interesante y aprenderá más
y en poco tiempo, habrá aprendido a hacerlo mucho mejor.
Debemos de tener en cuenta, que el niño
es activo. No es un ser pasivo que llevamos de un lado al otro y que
llenamos de conocimiento. El conocimiento lo crea el propio niño a
través de sus experiencias con el entorno. Cuantas más experiencias, más
oportunidades de aprender. El niño aprende haciendo,
superando pequeños retos, equivocándose, volviendo a intentar una y otra
vez una misma tarea, si los adultos bien por miedo a que le ocurra
algo, bien por desconocimiento no dejamos que se construyan a sí mismos,
les estaremos entorpeciendo su desarrollo en vez de facilitárselo. No
podemos crecer por ellos, pero sí acompañarles en el camino. ¿Habéis
pensado qué sienten cuando continuamente frustramos todas sus
iniciativas de autonomía?, ¿Qué mensaje les estamos transmitiendo?
Y con esto no quiero decir que haya que
obligar a los niños que se hagan todo solos, se vistan solos, coman
solos a una determinada edad o porque lo hace su vecino, sino que
debemos acompañar a los niños en su desarrollo, darles libertad para que
exploren y experimenten el medio, para que vean sus posibilidades y
limitaciones, para que comprendan cómo es el mundo, su cuerpo, cómo son
ellos mismos, ¿Hay algo más bonito que estar presentes en este proceso?
“Al
niño se le debe ayudar a obrar y a expresarse, pero el adulto no debe
jamás obrar en su lugar, sino cuando sea absolutamente necesario. Cada
vez que el adulto presta al niño una ayuda innecesaria, obstaculiza su
expansión y – consecuencia grave de un error ligero e insignificante en
apariencia- detiene o desvía en algún detalle el desarrollo infantil”. María Montessori, Manual práctico del método Montessori
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